Perú: 205 años de independencia
El 28 de julio de 1821 constituye una fecha fundamental para la historia del Perú. Ese día, proclamó su independencia, iniciando una nueva etapa política para un territorio que había sido el centro del poder español en el continente. Al conmemorarse 205 años de aquel acontecimiento, me embarga un sentimiento de fraternidad y cercanía, por lo que me gustaría recordar una historia poco conocida de la Independencia del Perú y que fue el resultado de un esfuerzo mancomunado de Chile.
Después del triunfo patriota en la batalla de Maipú el 5 de abril de 1818 y comprendiendo la importancia de la derrota definitiva del poder realista en el principal bastión español de Sudamérica: el Virreinato del Perú, Chile organizó bajo el liderazgo del Director Supremo Bernardo O’Higgins, la Expedición Libertadora del Perú.
La situación peruana en esa época presentaba un desafío particular, ya que, para ese grupo social, la administración española daba garantías de tranquilidad y seguridad. Pero era precisamente el Virreinato del Perú donde había que operar militarmente, con la finalidad de liberar a Hispanoamérica del dominio de la corona española.
En un comienzo, la Expedición Libertadora fue concebida como un esfuerzo conjunto entre Chile y las Provincias Unidas del Río de la Plata (hoy Argentina). No obstante, los conflictos internos que afectaban a esta última impidieron cumplir los compromisos militares y financieros comprometidos. En consecuencia, Chile debió asumir la enorme tarea de financiar, organizar y preparar la expedición.
Las dificultades económicas fueron considerables. Los recursos fiscales de la joven república chilena no eran suficientes para cubrir una operación de tal magnitud, por lo que fue necesario recurrir a préstamos y a contribuciones voluntarias de los habitantes de las principales ciudades. Este esfuerzo reflejó la convicción de que la independencia no podía limitarse a las fronteras nacionales, sino que debía proyectarse hacia la libertad de todo el continente.
La preparación de la fuerza exigió una labor extraordinaria. Se debieron reclutar e instruir un contingente aproximado de 4500 hombres, organizar unidades, establecer una estructura de mando y asegurar armamento, vestuario, alimentación y transporte. Los contingentes se concentraron inicialmente en Rancagua, donde completaron su preparación antes de emprender la campaña que cambiaría el destino político de la región. O’Higgins nombró general de Chile a José de San Martín y le entregó el mando de la operación conjunta.
Es importante resaltar el hecho de que, al ser la expedición financiada y organizada por Chile, ella fue una empresa nacional. La participación de oficiales y tropa de diferentes nacionalidades en el cual destacaban las figuras de San Martín y Cochrane, estaban al servicio de Chile.
En Valparaíso aguardaba la fuerza de la Escuadra, la que llegó a conformarse con veinticinco naves, de las cuales ocho eran buques de guerra y las diecisiete restantes correspondían a navíos de transportes en los que debían embarcar. Luego de una larga preparación, la Expedición Libertadora del Perú zarpó el 20 de agosto de 1820.
Estos hechos históricos liderados por Chile fueron gravitantes para la consolidación del proceso independentista del Perú el 28 de julio de 1821. Sin duda, la común visión de una emancipación a nivel sudamericano compartida por los principales líderes de aquel proceso significó tener claridad en cuanto a los objetivos estratégicos. Así, la empresa iniciada con la Expedición Libertadora del Perú y finalizada por una fuerza multinacional compuesta de efectivos colombianos, peruanos, rioplatenses y chilenos y comandada por Simón Bolívar y Antonio José de Sucre, acabó con el poderío de España en la Región el año 1824 en las decisivas victorias de Junín (6 de agosto) y Ayacucho (9 de diciembre).
Por tal motivo en esta fecha es justo valorar el sacrificio de quienes hicieron posible aquella gesta y reconocer que la libertad alcanzada en 1821 fue fruto de una visión compartida entre pueblos hermanos. La historia de la Expedición Libertadora del Perú nos recuerda que los grandes procesos históricos requieren liderazgo, cooperación y la capacidad de asumir desafíos que trascienden los intereses inmediatos de una nación.
Al conmemorar 205 años de la independencia del Perú, se abre una nueva oportunidad de estrechar la relación con la asunción de la nueva presidente justamente este 28 de julio.
La independencia del Perú nos recuerda el valor de la colaboración. Hoy nuestras economías tienen espacios de enorme potencial para avanzar juntos en una etapa donde la inversión y la integración productiva sean motores de desarrollo y generen un marco de estabilidad y confianza a quienes buscan aportar al crecimiento de ambos países. Todo ello, desde el respeto permanente a la soberanía y a las decisiones propias de cada nación.
Los próximos 200 años de nuestra relación bilateral no deben estar definidos por las diferencias del pasado, sino por la voluntad de construir juntos un futuro de mayor prosperidad, confianza y desarrollo compartido.
“Al ser la Expedición Libertadora del Perú financiada y organizada por Chile, ella fue una empresa nacional”.
Eduardo Villalón Rojas
Vicepresidente Ejecutivo